El error en la realizacion de una operacion quirurgica (Parte 2) – Calidad
W.E Demming fue el primero que introdujo los controles de calidad en la fabricación de automóviles, electrónica y televisores, basándose en que las personas que realizan un trabajo son las mejor capacitadas para reconocer y corregir un error. Demostró que con protocolos, recogida de datos y e identificación temprana de los problemas se podían fabricar productos libres de defectos. Esos principios fueron el pilar para el desarrollo de la Calidad Total Empresarial.
Se debe plantear la práctica diaria como se plantea cualquier cadena de montaje, eslabón por eslabón y paso por paso. Es la única forma de saber si se ha producido un error, dónde, quién lo ha cometido y cómo se puede resolver para no perpetuarlo. Por lo tanto, todos los datos de lo que cada uno hace deben constatarse y pertenecen siempre a todo un sistema que debe quedar ensamblado. Esta práctica no va a conseguir que el número de complicaciones sea menor de manera importante, pero sí que los errores puedan descubrirse lo antes posible y, por lo tanto, subsanarse a fin de lograr mejoras evolutivas.
En la práctica clínica hay cinco elementos que merman claramente la mejora de la calidad:
a) datos inadecuados en la incidencia de hechos adversos; b) guías o protocolos inadecuados con pobres análisis de evolución; c) la cultura de la culpa; d) la necesidad de compensar a los enfermos perjudicados, y e) la dificultad para decir la verdad.
El análisis ético de los errores médicos insiste en la declaración del error por parte del médico, tanto al paciente o a su familia, como a la institución donde se ha realizado la intervención, con objeto de prevenir nuevos errores. El médico debe adoptar una cultura de análisis del error en forma abierta, inquisitiva y permanente. Comunicar los errores es fundamental para mejorar la calidad de la atención médica. A pesar de la preocupación por una posible demanda, la doctrina éticodeontológica es clara: cuando las complicaciones que sufre un paciente son debidas a errores del médico se ha de informar al paciente de lo sucedido. La responsabilidad ética de decir la verdad está por encima de la preocupación por la acción legal, por lo que si un médico decide no revelar un error debería preparar las razones y las pruebas que justifiquen tal actitud.
En cuanto a las guías o los protocolos, la recogida de datos prospectivos en vez de retrospectivos, en un contexto no punitivo, es factible y permite detectar errores mejor que en otros estudios. Los errores pueden ser de varios tipos:
1. De criterio, como resultado de un conocimiento inadecuado o fallo en la ejecución del conocimiento, cuyo mejor control viene desde la formación continuada.
2. Técnicos, lo que los cirujanos llamamos «gajes del oficio», que se producen en un 10%. Está en nuestras manos que esos «gajes» sean cada vez menores.
3. Del equipo, procedentes de diversos comportamientos mal adquiridos desde la cultura del «somos todos iguales» o «dado por comprobado» o «todo controlado».
En realidad suele tener fácil solución con una lista de controles de la función de cada uno, acompañada, si es posible, de las guías clínicas que cada grupo considere necesario (check list).
4. Del sistema. Representan más del 60% de todos los errores, incluidos los cometidos por cada persona que actúa en ese momento como sistema. Aquí es donde urge el establecimiento de protocolos meticulosamente diseñados en cada paso de la producción. Recordemos que no somos más que eslabones y pasos de un mismo proceso.
5. Mecánicos, como fallos en el mantenimiento del instrumental.

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