Introducción de los traumatismos vasculares del miembro superior 1

Introducción de los traumatismos vasculares del miembro superior

El correcto manejo y tratamiento de los traumatismos de las extremidades constituye un verdadero desafío quirúrgico. Importantes lecciones las hemos aprendido a través de la experiencia militar y que ahora las aplicamos a la violencia de la sociedad civil en nuestros días.

La estandarización de la técnica anastomótica descrita por Carrel, Guthrie, Murphy, Frouin, entre otros, representó un gran avance, aunque no fue aplicado a la clínica hasta después de la Segunda Guerra Mundial.

Durante esta época, DeBakey y Simeone describieron el tratamiento de 2471 lesiones arteriales, de las cuales sólo el 3.35 fueron tratadas mediante reparación vascular. No es hasta la Guerra de Korea cuando la experiencia clínica sugiere que la reparación arterial es factible en «medio del campo de batalla».

Importante también el hecho del sistema de evacuación de los heridos que eran trasladados e un centro para recibir un tratamiento definitivo durante las primeras 6-8 horas, que es el tiempo límite asociado con unareparación arterial exitosa.

La disponibilidad de remplazar específicamente la sangre y la antibioterapia permitió un mejor manejo de estos pacientes incurrido en una mejor evolución.

La aceptación de la reconstrucción vascular durante la Guerra de Vietnam y el cuidadoso seguimiento del registro vascular de Vietnam confirmó la impresión de que estas heridas eran mejor tratadas por una precoz intervención quirúrgica.

Las arterias y las venas del miembro superior son la segunda localización más frecuente de lesiones vasculares y constituyen casi la mitad de las lesiones vasculares periféricas. Suelen ir asociadas, con más frecuencia que las lesiones arteriales de miembros inferiores, a lesiones concomitantes óseas y neurológicas. Aunque no suelen provocar grandes lesiones hemorrágicas, sí que pueden provocar lesiones isquémicas.

La extensa colateralidad alrededor del codo suele caracterizar la clínica de los pacientes. Por otro lado, si la arteria humeral se trombosa próximamente en el origen de la arteria humeral profunda, el riesgo de amputación es elevado: más de un 50 % de estos pacientes cursan con pérdida del brazo si las arterias no pueden ser reparadas. Mientras que la lesión vascular por sí misma puede manejarse con relativa facilidad, las lesiones nerviosas pueden causar alteraciones funcionales importantes a largo plazo.

Debido a que el traumatismo de los brazos es frecuente y a veces aparece sin signos ni síntomas, una lesión desapercibida pueden causar gran morbilidad con el tiempo, por lo que es importante es un óptimo tratamiento del paciente.

Las arterias que aportan sangre a los miembros superiores (la arteria subclavia y la arteria axilar) están localizadas en el desfiladero torácico superior o en el tórax, y si estos vasos se lesionan, las consecuencias son más serias .


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