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Evaluacion preoperatoria de una derivación femoro poplítea

La mayoría de los pacientes a quienes se les va a realizar una derivación Femoro poplítea presentan otros trastornos médicos, tales como insuficiencia renal, diabetes mellitus, enfermedad pulmonar obstructiva crónica, hipertensión arterial, hiperlipidemia, etc.Read More

 

Es la enfermedad arterial coronaria la que presenta en estos pacientes una prevalencia especialmente elevada. Múltiples estudios y publicaciones se han realizado con la finalidad de evaluar tanto esta relación entre patologías como para intentar encontrar la mejor forma de diagnóstico precoz y de tratamiento si se precisa. Hemos de tener en cuenta que existe una incidencia de infarto perioperatorio que va del 2% al 5% para la revascularización del sector fémoro-popliteo y distal y que hasta un 70% de la mortalidad perioperatoria y tardía de estos pacientes se debe a enfermedad arterial coronaria asociada.

A pesar como sabemos de los innumerables trabajos en los que se muestra esta asociación entre patologías, continua siendo controvertido saber que sujetos se beneficiarían de una estudio detallado de cardiopatía isquémica silente.

Nuestra forma de actuación pasa por la realización de un estudio preoperatorio básico, con analítica completa, RX de tórax y ECG, tras la realización de una anamnesis dirigida a posibles eventos cardiológico en el presente o en el pasado. Si en dicho estudio no encontramos ninguna alteración, no realizamos ninguna prueba cardiológico más, si lo encontramos o tenemos dudas, solicitamos la consulta de un cardiólogo para su etiquetado y tratamiento si fuese necesario. Por tanto, no realizamos para la revascularización del sector fémoro-poplíteo pruebas de screening cardiológico a todos los pacientes.

Sin embargo, si que hacemos un tratamiento perioperatorio, de control de la tensión arterial, y de la prevención de la insuficiencia cardiaca intentando minimizar al máximo los eventos cardiológicos utilizando fármacos tales como Bbloqueantes si no esta contraindicado.

De la misma manera controlamos el resto de factores de riesgo, teniendo especial cuidado con el eventual deterioro de la función renal perioperatoria, con una adecuada hidratación y la administración de acetilcisteina, controlamos la glucemia perioperatoria con sueroterapia adecuada y suspendiendo fármacos que pueden ser contraproducentes, y tratamos las infecciones con antibioterapia bien de amplio espectro o con antibiograma si lo hubiese. De la misma manera, si existen infecciones severas realizamos limpieza o amputaciones previas a la intervención si eso fuese necesario o pusiese a riesgo el éxito del procedimiento revascularizador posterior. Poco sentido tiene revascularizar una extremidad con unas lesiones tan extensas que nuestro sentido común nos diría que lo más acertado sería una amputación mayor.

Es por tanto fundamental, sobre todo en el paciente claudicante minimizar los riesgos ya que la cirugía programada en estos pacientes ser realiza sobre todo para mejorar su calidad de vida, si este resultado no está asegurado será preferible optar por tomar otros caminos tales como el tratamiento médico o endovascular.

En el paciente con isquemia crítica en ocasiones hay que arriesgar utilizando todo nuestro armamento para disminuir al máximo los posibles eventos adversos perioperatorios, ya que de lo contrario la intervención también se llevará a cabo pero sin conseguir la salvación de la extremidad.

 


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