Introducción a las curas del pie diabético

 

El pie diabético presenta lesiones crónicas, tórpidas, de origen etiopatogénico diverso (neuropatía, isquemia, infección, alteraciones óseas), casi siempre mixto, que dificultan su tratamiento y prolongan su evolución.

Es prioritario reconocer todos estos factores e identificarlos para actuar sobre ellos cuando sea necesario, para que las curas locales tengan éxito. La valoración continua por parte de su médico, junto con el personal de enfermería, que habitualmente realiza las curas locales, es fundamental para evitar el fracaso terapeútico, que abocará en la amputación menor o mayor del pie diabético.

La localización, extensión, profundidad, existencia de celulitis o flemones, osteítis, es decir, el grado de afectación clínica será el factor principal a la hora de elección de los diferentes tratamientos a realizar, variando éstos en función de la respuesta terapeútica obtenida en cada momento.

En los grados clínicos de menor afectación (I y II de Wagner) el tratamiento local se podrá realizar de forma ambulatoria, mientras que en los estadíos más severos (III y IV) el paciente precisará ingreso hospitalario, tanto por el tipo de tratamiento local como sistémico.

En el grado I, úlcera superficial, se recomienda reposo absoluto del pie lesionado, limpieza diaria, la utilización de diversos apósitos, o de factores de crecimiento o productos con colágeno, como se comentará posteriormente.

En el grado II, úlcera profunda, se recomienda desbridamiento quirúrgico asociado al desbridamiento enzimático o autolítico. Ante signos de infección asociar apósitos con plata. Si no evoluciona satisfactoriamente, asociar antibióticos por vía sistémica tras muestra de cultivo y antibiograma.

En los grados III y IV, el paciente debe de ser hospitalizado, para realizar desbridamiento quirúrgico y/o amputación menor o drenaje de absceso, tratamiento antibiótico sistémico, y evaluación de tratamiento revascularizador.

El tratamiento local de la úlcera tiene como objetivo principal: eliminar el tejido necrótico, controlar la carga bacteriana, control del exudado y facilitar el crecimiento del tejido sano.

 


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