El problema de la cirugía innecesaria (parte 1)

 

La proliferación de procedimientos quirúrgicos con resultados discutibles, el aumento desmedido de intervenciones sin la satisfacción adecuada de los pacientes junto con el aumento de demandas por presunta malpraxis, sustentadas en una débil indicación quirúrgica y el aumento de los costos de la atención de la salud han puesto sobre el tapete el concepto de la cirugía innecesaria.

La cirugía innecesaria, la que se efectúa sin beneficio del paciente, va en contra del principio de no-maleficencia (al no considerar las consecuencias de los daños y agresiones), va en contra del principio de justicia (al incurrir en uso inadecuado de recursos) y violenta muchas veces las normas del Consentimiento informado, incluyendo la veracidad.

Ya en 1937, Max Thorek escribía: «El primer gran error en la Cirugía es la operación innecesaria y el siguiente es la realización de un procedimiento quirúrgico por un cirujano no adecuadamente entrenado para realizarlo ».

Se manifiesta el concepto de Innecesaridad cuando el cirujano falla en el cumplimiento de la norma fundamental de primero no hacer daño, cuando la cirugía no tiene fundamento en las indicaciones médicas, cuando se hace una valoración incompleta de las condiciones y necesidades físicas, emocionales, sociales, ocupacionales y profesionales de un paciente, si se actúa con falsedad o malicia para inducir la aceptación de una indicación quirúrgica o una técnica, utilizando frases engañosas y confusas, y peor aún si se usó alguna forma de coerción con intención de mercadotecnia o de lucro («cirugía vendible »), o cuando la intervención se enmarca en un protocolo de investigación que se aparta de los derechos del paciente y de las normas éticas internacionales. Se deben evitar, por tanto, los procedimientos terapéuticos y actos intervencionistas que puedan ser calificados como innecesarios. La cirugía innecesaria

que se efectúa por lucro, (situación máxima de cirugía antiética) es igual a actitud dolosa, a fraude y a delito. De probarse la existencia de una cirugía innecesaria, la misma es constitutiva, «prima facie», de malpraxis.

Siempre ha existido la preocupación acerca de las cirugías innecesarias, y se acepta que estas se han presentado en todas las épocas.

El acto quirúrgico innecesario como tal, ha sido siempre impugnado y juzgado por los propios cirujanos, pero con la salvedad de que el concepto de cirugía innecesaria se debe obligadamente interpretar, considerando las épocas, las escuelas quirúrgicas, las preocupaciones por controlar la educación y preparación de los médicos y de los cirujanos, los

niveles de los conocimientos científicos, las culturas, las investigaciones, los recursos económicos, las costumbres y modas, e incluso las ideas religiosas, etc., hasta llegar actualmente a la cultura de la calidad en la atención médica y más aún a la cultura del ejercicio de la medicina basada en evidencias.


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