La isquemia aguda de extremidad es definida por el Consenso TASC como «cualquier disminución brusca de la perfusión de la extremidad que cause una posible amenaza a la viabilidad de la misma», con esta definición nos acercamos al factor fundamental –sobre el que debe estructurarse el correcto diagnostico, estadiaje y tratamiento– la viabilidad de la extremidad afecta.
El cirujano vascular se enfrenta con la necesidad de restaurar el flujo sanguíneo lo antes posible pero resulta imprescindible recabar información suficiente para planificar el manejo y evitar una cascada de intervenciones inapropiadas. No todas las extremidades en isquemia son recuperables y la amputación primaria puede ser la intervención más adecuada para salvar la vida del paciente, en otras ocasiones la isquemia severa es una manifestación de un proceso sistémico grave, enfermedades terminales por ejemplo, y en estos casos el manejo conservador puede ser el más adecuado. Parece obvia la necesidad de un correcto estadiaje del paciente como inicio de un manejo optimizado del cuadro, para ello una evaluación clínica exhaustiva y un correcto diagnóstico inicial son imprescindibles.
La isquemia aguda de extremidad inferior continua asociada a una alta morbilidad y mortalidad a pesar de los avances en los cuidados perioperatorios y en las técnicas de revascularización. En especial los pacientes de edad avanzada están expuestos a un alto riesgo de complicaciones graves tanto locales como sistémicas. La comorbilidad, los trastornos metabólicos asociados a la isquemia aguda y el síndrome de reperfusión están asociados a este pobre pronóstico.
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