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Vall d’Hebron ensaya un nuevo tratamiento del ictus aplicando frio

 

ictusEl hospital Vall d’Hebron coordinará en España un ensayo clínico europeo para confirmar que mantener el cerebro a temperaturas de 34 grados después de un ictus minimiza el daño cerebral.

En el proyecto, que cuenta con una dotación global de 11 millones de euros de la Comisión Europea, participan 60 universidades y hospitales de 25 países diferentes que probarán la terapia en unos 1.500 pacientes que ingresen tras padecer un accidente cerebrovascular agudo.


El Vall d’Hebron Institut de Recerca (VHIR) será el centro que coordinará el estudio en España y el que previsiblemente tratará a más pacientes, al tiempo que será la sede del banco con las muestras de todos los pacientes del estudio europeo.


El doctor Joan Montaner, responsable del grupo de enfermedades neurovasculares del VHIR, ha explicado aque a partir de septiembre empezarán a reclutar pacientes en el Vall d’Hebron, aunque es difícil calcular cuántos, porque dependerá de los casos que lleguen a urgencias y de si dan su consentimiento para someterse a la nueva terapia.

Se trata del mayor ensayo clínico en fase III -la última antes de la aprobación por parte de las autoridades sanitarias- sobre los efectos de la hipotermia como protector del daño cerebral y se espera que arroje resultados positivos en el plazo de dos años.


La técnica consiste en enfriar todo el cuerpo -la hipotermia parcial todavía no es posible- en el plazo de las seis horas posteriores a un ictus agudo, lo que induce el cerebro a una especie de hibernación, reduciendo al mínimo la necesidad de oxígeno y evitando mayores daños.


Para enfriar el cuerpo existen diferentes sistemas, pero el más utilizado en Vall d’Hebron es la hipotermia endovascular, en la que, a través de un catéter, se inyecta en el cuerpo un líquido frío que rebaja la temperatura del cuerpo en aproximadamente una hora.

Para que el tratamiento dé resultado, los pacientes con ictus deberán estar entre 24 y 48 horas con el cuerpo a 34 grados antes de recuperar la temperatura habitual.

Los investigadores esperan que el ensayo clínico confirme que las bajas temperaturas en el cerebro propician que se recanalice la arteria cerebral ocluida después de un ictus, ha explicado, por su parte, el doctor Carlos Molina, coordinador de la Unidad de Ictus de Vall d’Hebron.

Dentro del estudio, Molina lidera el grupo de trabajo que analiza la reperfusión por ultrasonidos, el procedimiento por el cual se abren las arterias bloqueadas para restablecer el flujo sanguíneo.

Otro de los aspectos del estudio es evaluar el efecto de la hipotermia sobre los biomarcadores sanguíneos de daño cerebral, para lo cual se creará un banco en el VHIR con las muestras de plasma de los pacientes del ensayo para tener un registro de lo que ha sucedido durante el tratamiento.

Cada 40 segundos alguien sufre un ictus en Europa y, sin embargo, son muy limitados los tratamientos disponibles para esta enfermedad que supone la mayor causa de muerte después de la enfermedad isquémica del corazón.

Cuando la hipotermia logre demostrar sus beneficios, alrededor de 350.000 pacientes al año podrían ser tratados con esta técnica en Europa, lo que daría lugar a unas 14.700 muertes menos y evitaría discapacidades a 25.000 pacientes al año.


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