Tratamiento de la Úlcera Diabética

 

La recomendación número XIV del Consenso de la Sociedad Española de Angiología y Cirugía Vascular sobre Pie Diabético establece, con un nivel de evidencia tipo 1 que «la corrección metabólica, el control de los factores de riesgo y el reposo funcional de la zona afectada constituyen las medidas básicas esenciales en el tratamiento del pie diabético».

Así, y en consecuencia, el tratamiento de la úlcera diabética debe ser multidisciplinar, constituido por un equipo en el que tengan cabida médicos de atención primaria, angiólogos y cirujanos vasculares, personal de enfermería, podólogos y rehabilitadores. Se trata de una cadena asistencial en la que cada eslabón es imprescindible.

Es fundamental concienciar al paciente de que en cuanto note una úlcera, busque atención profesional de inmediato. Las úlceras en los pies de pacientes con diabetes se deben tratar por varias razones tales como, reducir el riesgo de infección y amputación, mejorar la funcionalidad y la calidad de vida y reducir el coste de la atención médica.

El principal objetivo del tratamiento de las úlceras en el pie es lograr la cicatrización tan pronto como sea posible. Cuanto más rápida sea la cicatrización, menor será la probabilidad de infección.

Así, podemos decir que las bases para realizar un tratamiento adecuado de la úlcera del pie diabético son:

– Evitar la infección: siendo de vital importancia evitar la evolución a mal perforante plantar o gangrena. Para ello, es clave mantener la úlcera limpia y vendada.

– Quitar presión a la zona, lo que se conoce como «descarga»: es preciso para lograr una cicatrización óptima. Se deben «descargar» las úlceras, en particular las de las plantas de los pies, pidiendo a los pacientes que usen calzado especial, un aparato ortopédico, escayolas especializadas, o una silla de ruedas o muletas.

Estos dispositivos reducirán la presión y la irritación en la zona de la úlcera, acelerando el proceso de cicatrización.

– Desbridamiento de piel y tejidos que estén necróticos y dificulten el proceso de cicatrización.

– Aplicación de apósitos a la úlcera, limpiándola diariamente. Para un tratamiento óptimo, deberían aplicarse gasas con suero fisiológico sobre la úlcera recambiándolas cada 6 horas.

– Control de la glucemia y patología asociada a la diabetes.

– Oxigenoterapia hiperbárica: aumenta las defensas inmunológicas, activa la insulina endógena, estimula la cicatrización y disminuye la hipoxia tisular, siendo una alternativa óptima en los pacientes con úlcera diabética, con efectos terapéuticos duraderos.

Su elevado coste y baja disponibilidad en los hospitales limitan su empleo generalizado.

– Revascularización: en el caso de aquellas úlceras que presenten un componente isquémico, empleándose técnicas quirúrgicas convencionales o técnicas endovasculares.


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