
Editorial Noticias Endovasculares 62
Si observamos el área de la cirugía, las grandes aportaciones de la historia en el campo instrumental, podríamos observar que inicialmente y durante siglos, las mismas han sido realizadas por los cirujanos que consideraban la necesidad de un determinado instrumento y en muchos casos derivados de los utilizados en otros oficios; diseñaban los mismos y posteriormente los técnicos generalmente herreros los confeccionaban para más tarde pasar al arsenal instrumental del cirujano.
Uno de los grandes profesionales que utilizaron esta estrategia fue Ambrosio Paré al que se le deben numerosos instrumentos, muchos de ellos con las oportunas modificaciones, utilizados en el momento actual. Posteriormente muchos otros cirujanos realizaron sus aportaciones y numerosos instrumentos recibieron el nombre de su creador valva de Payr, separador de Doyen, clamp de Satinsky, separador de Farabeuf, pinza de Kocher, aguja de Reverdin y un sinfín de otros instrumentos.
Mas tarde, la práctica de la técnica quirúrgica se ha soportado en múltiples dispositivos, instrumentos y aparatos donde ya el cirujano en muchas ocasiones se limitaba a utilizar lo ofertado por la industria y diseñado por ingenieros, en base en no todas las ocasiones por la sugerencia del facultativo. No obstante, en algunos casos se ha intentado desarrollar el dispositivo sin participación del ingeniero acabando siempre en el fracaso y por el contrario el ingeniero ha ideado, diseñado dispositivos de aplicación inútil.
La cirugía endovascular es un perfil de la cirugía vascular de no muy lejana aparición que todo su desarrollo lo ha cimentado en la posibilidad de empleo de dispositivos diseñados y distribuidos por la industria y que han ido incrementándose en numero, a la vez que cubrían un amplio campo de prestaciones.
El diseño, materiales, funcionamiento, soporte o base energética, entre otros aspectos, se ha creado por especialistas de ingeniería en muchos casos dedicados en un campo concreto del tipo de dispositivo a desarrollar. Sin embargo, a pesar de la indiferencia mostrada por algunos facultativos que utilizan el material, con poco interés en optimizar las aportaciones terapéuticas de los mismos al centrarse más en aspectos ligados a la simple aplicación, consideramos que es totalmente imprescindible la interacción entre aquellos que tienen la capacidad de diseñar y producir el dispositivo y los que lo van a utilizar.
No actuar de esta forma podría derivar en una serie de errores estratégicos en la fabricación de los aparatos, con el riesgo que no tengan utilidad. El proceso debe de ser el lógico, es decir, presentarse la necesidad por parte del facultativo, trasmitirla a la industria y en especial al ingeniero biomédico, este realizar la propuesta que aporte la solución, realizar el modelo, probarlo y desarrollar la producción por la industria.
En esta cadena es importante que los facultativos tengan profundos conocimientos sobre el tema, gran experiencia y por parte del ingeniero, la sensibilidad suficiente para captar la relevancia del problema y aportar las estrategias y dispositivos de la necesidad suscitada.
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