La embolización arterial transcatéter (EAT) tuvo sus albores en 1973, cuando Almargd publicó su aplicación en el tratamiento de los carcinomas renales .
Desde entonces, el desarrollo de nuevos materiales embolígenos, los avances técnicos, radiológicos y el incremento de la experiencia adquirida en este terreno, hacen de la EAT una técnica joven, pero desarrollada, dentro del arsenal terapéutico que se conoce como técnicas mínimamente invasivas.
Las indicaciones de la EAT han sido ampliadas, abarcando en la actualidad tanto patología tumoral como no tumoral, sobre todo en lo que se refiere a patología urológica complicada, como traumatismos, malformaciones vasculares, lesiones de vía urinaria, trasplante renal y el tratamiento de las endofugas tipo II. La EAT puede ser total o selectiva; puede aplicarse de forma aislada como tratamiento único o combinada con otras modalidades terapéuticas (cirugía, radioterapia, quimioterapia).
Los materiales utilizados en la EAT varían en función de los siguientes factores:
a) Oclusión temporal o permanente.
b) Calibre de los vasos.
e) Embolización selectiva o total.
La embolización de las arterias lumbares es una técnica endovascular que se emplea con distintos fines, entre los que podemos citar:
A. Malformaciones medulares.
B. Control de hemorragia por rotura o lesión de dichas arterias.
C. Prevención de la aparición de endoleaks tipo II en el tratamiento endovascular del aneurisma de aorta abdominal (AAA) infrarrenal.
D. Tratamiento de endoleaks tipo II, una vez que un AAA ha sido excluido mediante una endoprótesis.
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