Preoperatorias y principios generales de las amputaciones en el pie diabético

Independientemente del nivel de amputación que realicemos, se han de tener en cuenta una serie de pautas terapéuticas y principios generales preoperatorios, intraoperatorios y postoperatorios con el fin de minimizar las potenciales complicaciones y riesgos derivados de dicha técnica quirúrgica. Dentro de estos principios generales cabe destacar:

 

a) Antes de plantear una amputación, se ha de asegurar un correcto aporte arterial en el nivel de amputación que permita el cierre y la cicatrización de la misma, evitando asimismo la infección.

b) Aquellos pacientes que presenten insuficiencia cardiaca, broncopatías o nefropatías, deben encaminarse a la intervención quirúrgica en un estado adecuado de su patología de base. Para tal fin, debe adecuarse los tratamientos farmacológicos ambulatorios y adaptarlos a la situación de agresión inmuno-endocrino-metabólica que indican la amputación o derivadas de la misma intervención quirúrgica.

c) Emplear una adecuada antibioterapia. En los casos en los que no existan signos de infección se empleará de forma profiláctica iniciándola preoperatoriamente y retirándola a los dos días post-cirugía. Por el contrario, si existe infección previa, debe prolongarse en el postoperatorio hasta confirmar la evolución clínica correcta del muñón. Los antibióticos utilizados tienen que cubrir los gérmenes gram-positivos, gram-negativos y anaerobios. Asimismo se recomienda la realización de lavados diarios del pie, especialmente de los espacios interdigitales y de la pierna. Este acto debe ir acompañado de eliminación de zonas de hiperqueratosis.

d) Otra familia de fármacos a emplear en el periodo preoperatorio y perioperatorio son los analgésicos, de tal manera que el dolor es el origen principal de la aparición de edema en zonas declives en los enfermos con patología arterial, ya que motiva que los pacientes permanezcan sentados durante el día o incluso la noche, puesto que al situarse en decúbito se incrementa el dolor isquémico.

e) En los días previos a la intervención el paciente deberá comenzar los ejercicios de rehabilitación. Con ello, consigue no perder movilidad articular y masa muscular, así como acostumbrarse a los ejercicios que deberá realizar durante el postoperatorio.

f) Desde el punto de vista técnico y quirúrgico, se debe realizar una rigurosa hemostasia durante la intervención quirúrgica, dado que la aparición de hematoma conllevaría reinfección o necrosis. Asimismo deberemos aproximar sin tensión los bordes cutáneos, evitando la excesiva manipulación y los traumatismos de los tejidos blandos por la utilización de pinzas u otros instrumentos quirúrgicos.

g) Realizaremos tracción de los trayectos nerviosos con la finalidad de que su sección se localice más proximal que el resto de los tejidos, consiguiendo así su retracción y evitando el posible desarrollo de neurinomas en la cicatriz. Se procederá de igual forma con los tendones y con los cartílagos articulares. Al ser tejidos sin vascularización, pueden interferir en la formación de tejido de granulación.

h) Asimismo, debe existir una adecuada proporción entre la sección ósea y la longitud músculo-tendinosa y cutánea. De esta forma, se realizará una correcta aproximación de los tejidos, con buena cobertura ósea y sin tensión cutánea. Además, no se deben dejar esquirlas óseas en la herida, ni rebordes cortantes.

Finalmente, realizaremos lavados de forma reiterada en la herida quirúrgica con abundante suero fisiológico y/ o antiséptico antes de proceder a su cierre.


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