Optimizar el Procedimiento, Optimizar la Técnica, Optimizar el Gasto – Editorial de Noticias Endovasculares 35

Estamos asistiendo a una política de las diferentes administraciones de intentar mediante concurso marco reducir el número de dispositivos con posibilidad de utilización en el desarrollo de los procedimientos endovasculares. Se realizan los perfiles del dispositivo, sale el concurso y se adjudica a un determinado producto con la pretensión que sea utilizado de forma sistemática y general.

La realidad muestra a continuación, que lo adjudicado y con disponibilidad de uso, no es lo más adecuado en su empleo, en un porcentaje altísimo de los casos, en la práctica quirúrgica de los facultativos, y ajustarse a lo que debe de ser una actuación personalizada a cada paciente de acuerdo a cada patología y especialmente a cada anatomía o morfología. El problema es que se tiene que aplicar un dispositivo inadecuado o se adquiere el idóneo por otras vías de las empleadas por la administración para el suministro hospitalario, con el fin de tratar de forma correcta pero excepcional al paciente.

En cirugía endovascular, no todos los balones son iguales, no todas las endoprótesis son iguales, no todos los coils son iguales, de la misma forma que no todos los calzados son iguales.

El problema de la adjudicación por concursos marco está en su finalidad, como se origina, como se desarrolla y como se instaura.

El fin de un concurso debería de ser de fijar unos límites de precios de pago por dispositivo, es decir fijar su coste y a partir de ahí que cada facultativo utilice lo que se considere más adecuado para el paciente. El limitar las posibilidades de uso en el marco económico, puede dar lugar a corruptelas al limitar las adquisiciones a un solo dispositivo y una sola empresa. La industria lo tiene fácil, convencer al o a los que toman la decisiones y todo está hecho.

Como previamente se ha comentado, los dispositivos no son todos iguales, por ejemplo un stent, cada uno tiene sus características de arquitectura, material, diseño, tamaño, longitud, que le confiere diferentes propiedades y que le hacen más adecuado para implantarles en las diferentes ubicaciones de los vasos sanguíneos según indicación de uso. No es lo mismo el eje carotídeo que la arteria femoral superficial, de la misma forma que no todas las carnes son iguales y la de cerdo tiene unas características y la de pollo otra y por lo tanto recomendadas para la alimentación pero de diferentes sujetos. Algo fácil de entender aunque no así cuando cuando concierne el tema a los stent.

Otro ejemplo sería las endoprótesis, unas diseñadas para un sector y otras para otro. De diferente estructura, tela que la recubre, diseño, sistema de sujeción, etc. Algo que además se complica con los sistemas de liberación unos más finos, otros más gruesos, estos últimos con limitaciones de avance en las arterias y por lo tanto la selección de cada dispositivo tiene que ir de acuerdo a un minucioso estudio de la anatomía del paciente. Calzado es todo pero diferentes la zapatillas que las botas de montaña.

Que craso error, aquellos que piensan que restringiendo el uso del material se disminuye la posibilidad de empleo y por lo tanto de gasto. Independientemente que la sanidad no es ningún negocio siendo un servicio a la disposición del ciudadano enfermo, hay que tener en cuenta que el principio economicista debería basarse no en ahorrar sino en no despilfarrar.

En muchas ocasiones no se dispone del material adecuado y se utiliza el disponible a modo de «prueba». Es decir se solicita y se emplea, para intentar con el dispositivo disponible darnos solución al problema. Es como el mecánico que no dispone de la herramienta adecuada y utiliza lo que tiene a mano, seguro que daña la estructura donde lo aplica y el instrumento que usa.

La cirugía endovascular contiene un conjunto de técnicas complicadas y es preciso disponer de las mejores herramientas y muy especialmente las adecuadas, que no suelen ser las más caras, sino las adaptadas a cada procedimiento. Es más barato, si de abaratar se trata, y sin lugar a dudas más efectivo, realizar el procedimiento con el material adecuado. Se da en el blanco de forma certera con un solo disparo y no hace falta disparar al entorno a ver si acertamos porque sin lugar a dudas se producen daños colaterales.

Está claro que esta gestión de los acuerdos y selección de material, se soportan en el desarrollo de una ley que posiblemente sirva en otros campos pero no en el de la medicina para la selección de dispositivos. Evidentemente si la ley no es válida para dar un adecuado tratamiento al paciente habrá que cambiarla, no sería lógico incumplirla de forma sistemática a pesar que lo que está en juego, que algunos legisladores parecen desconocer hasta que el afectado es el mismo o su familia, la vida del enfermo.

Profesor Carlos Vaquero Puerta
Catedrático de Angiología y Cirugía Vascular – Director de «Noticias Endovasculares»

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